¡Me traslado!

Para no tener todo el material dispersado, este blog tendrá continuidad (de una vez por todas, que ya era hora) en mi propio dominio:

http://albanocruz.com/

Y aunque por el momento (al escribir estas palabras) tenga un interfaz muy simple,las nuevas publicaciones se hospedarán allí.

De todas formas, el contenido ya escrito aquí no será borrado tanto en cuando WordPress quiera seguir albergándolo.

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democracia y significación

La democracia liberal sólo es posible en el campo de la significación, del atributo entregado. Y así pasa lo que pasa con los Derechos Humanos, claro.

Para que las emergencias relativas a los DD.HH. sean atendidas la perspectiva ha de ser la otra. La material. Porque son no-YO, no-Nosotros. Son Los Otros. Y existen y se dan en la realidad material, no en el mito. La atribución prematerial no es de cumplimiento necesaria como hecho concreto, aunque sí lo sea precisamente en su origen, en ese mito.

La desaparición de la tensión entre la igualdad significada y la igualdad material nos lleva a Idomeni, nos lleva  a Grecia, a Libia, a Siria. Nos lleva a la excusa de la intervención, nos transporta al idealismo como suficiencia. A la disonancia alucinada de creer que la atribución de significado conllevará las consecuencias materiales prometidas (os invadimos para llevaros la democracia, la riqueza acumulada de los aristócratas gotea hasta los trabajadores). Esa satisfacción inerte que es lo fabuloso frente a lo material nos libera. Desde la significación no hay vergüenza, no hay culpabilidad. Porque el adjetivo ya lo tienen.

En este caso “refugiados”.

Por nombrarlos lo son. Son refugiados por poderes, por atribución. Y allá los dejemos para que se apañen. Porque son lo que denominamos. Y por eso las democracias europeas no mueven un dedo. Porque sólo reparten calificativos. Sin embargo el armamento, su comercio, sí que se mueve.

El conflicto real jamás es de significación, sino materialista. Nada más material que una bala, un bote de humo o una concertina. Aquí es donde la significación se despista. La diplomacia, la negociación son palabras sobre actos posibles. Sobre la materialidad. Creer que los DD.HH. se cumplen por ser semánticos es de Doctorado en Inopias y Estupideces. Los DD.HH. sólo se defienden desde lo tangible.

Por eso los Estados europeos no pueden realizar esa defensa. Porque lo tangible ha sido reservado para el armamento y el castigo. En todas las otras áreas se han quedado en lo simbólico. Son las empresas las que materializan. Como ejemplos, dos: (a) el asunto FBI-Apple; y (b) que a las catástrofes humanitarias se envían a los ejércitos.

Las democracias liberales sólo tienen sentidos significantes. No reposan sobre el mundo.

servidor plug & play

No, no. El trabajador actual ya no es ni esclavo, ni mercancía. Sino servicio. Es mucho más perverso. El esclavo implica una propiedad, y como tal una cualidad del Amo. La mercancía un interés en un provecho. El servicio es un Plug&Play.

El Plug&Play implica una estandarización del interfaz, una dispensabilidad de lo empleado, una prescindibilidad. Un sistema modular. Sustituible, rápido de reemplazar, y sobre todo independiente. Así el servicio no constituye parte del Amo, y éste no se responsabiliza. Ni constituye contenido del Almacén, no hay que guardarlo. Si el Servicio se pierde, es responsabilidad del Servidor. Y además, la Coerción del Mercado puede permear hasta la Hipergranulación. El Servidor está en competencia con otros Servidores. Todo trabajador es convertido en Esquirol.

Por eso prima por encima de todo que el Valor sea la fidelidad al Yo, al Uno Mismo, antes que a cualquier otro objeto, cuerpo o experiencia. Por eso el Espectáculo vende que la cima del éxito es ser Emprendedor. Y por eso el Fracasado ha de ser un paria. De ahí que el Capitalismo Granulador sea inherentemente Romántico: ésta experiencia sólo la puede tener tu Yo, es única. Y que se sirva también de la muerte poética del Traidor: el héroe nunca mata al malvado, sino que una vez perdonado éste ejecuta la última traición, que le cuesta la Vida.

Todo ésto se ancla en la pseudopregunta metafísica del «¿qué soy?» que elude la imprescindibilidad de los demás, y además conlleva el engaño de no saberse a uno mismo como objeto, como mercancía, pero no saberlo porque escamoteada la palabra, se emplea en su lugar sujeto, que da relevancia a ese Yo. Basta con preguntar «¿cómo soy?» para que los Demás aparezcan enredados en una telaraña de imprescindibles. Y para entender que si somos algo, somos proceso con cualidades tan específicas como las de las cucarachas: nacer, crecer, y morir.

stop falacias

Acusar de “falacia” es el nuevo “rebota, rebota, y en tu culo explota”. ¿Por qué? Porque una falacia sólo lo es respecto a unas reglas específicas. Y las reglas sólo son comunes (y llamables objetivas) cuando son explícitas. Eso implica concordar lenguaje, relaciones, etc, etc.

Si exigimos ser estrictos, la falacia sólo existe en nivel lógico-formal. En un diálogo natural siempre podemos insertar una premisa (que podía no haber estado declarada, o que puede ser introducida en ignorancia) que cambie los valores y relaciones de lo ya «inferido».

Expresado con más precisión: en la modalidad de una declaración natural no es necesario que se conserve la validez de la conclusión, ó {¬[□(A,B,.. n)→P]}. Pretender tratar el lenguaje natural como un equivalente del proposicional clásico es no haber entendido ni media.

Pues lo dicho. Que menos infantilidades de patio parvulario, señoras y señores.

ps_ añade Frances Llorens que «[puede] Cualquier argumento material, blindarse hasta la tautología con sólo introducir una premisa adicional.» poniendo como ejemplo el siquiente:

-El comunismo es un régimen igualitario
-¿Ah? ¿Sí? Entonces ¿qué me dices del estalinismo?
-Bueno, no era verdadero comunismo.

sobre el accidente de GermanWings

Cuando la máquina –el algoritmo, el ingeniero, lo social– cubre el 99% de los casos y ocurre el 1%, el humano a cargo es el responsable. Desde la vista de la “mecánica de decisiones” es quien ha fallado. En un informe dirá eso. Porque es el análisis técnico.

A esos informes técnicos no les atribuimos filosofía o reflexión al igual que no se lo atribuimos a una cafetera. Exigirle al informe técnico una desculpabilización ética del piloto es incoherente con el resto de industrialización de nuestra vida. Así que sed conscientes (para que ejerzáis en libertad, sugiero) de vuestra incoherencia y enarbolarla como apuesta, no como verdad.

De nuevo, tras el accidente aéreo de Germanwings (2015), o el de Air France en el Atlántico (2009), está la obsolescencia del Hombre frente a nuestras creaciones. Estamos orgullosos de superarnos a nosotros mismos, avasallarnos, con nuestros ingenios. Pero crucificamos al humano incapaz de vencerlos.

Somos gilipollas.

Pasado un punto de entrega a la máquina, no hay respuesta individual posible. Pedirla es un absurdo. Es como poner un tapón de corcho en una grieta en la presa de Asuán, o correr si te cae una bomba atómica encima. Ya es tarde e irrelevante. Ese es el todo-o-nada de Adorno y el pesimismo de Anders. La grieta o se tapa antes de que exista, o no hay ninguna posibilidad. Es MASIVA. Pero claro, reaccionar frente a lo inexistente pues tiene sus problemas, como por ejemplo la paradoja del pesimista, que dice algo así:

“Si algo no sucede porque se ha prevenido, es como si jamaś hubiera sido posible su existencia”

Así o nos entregamos a la resignación de este determinismo emergente de nuestro control sobre el futuro, o desbaratamos la sociedad moderna. Sea lo que hagamos, ambas opciones es mandarnos a tomar por culo. ¿Alguien concibe alguna otra? Animaos. La necesitamos.

Por eso la –nuestra– tecnología es eliminar posibles mundos (escenarios, que diría un riesgólogo) futuros. ¿Cuántos? Pues todos los que no sean el futuro deseado. Ser humanos, no por esencia sino por práctica, es cepillarse la incertidumbre, es controlar. Somos parte del alimento de la máquina, ya seamos su combustible –Big Data– o su cuerpo –una lavadora, un coche–.

Esa solución absoluta nos arrasa. No pintamos nada frente al mundo delimitado por nuestra tecnología. La única salida es la teología. Una teología de la mentira del control. Así, tenemos el mundo-hecho de @lsmntr, la obsolescencia de Anders, la tecnoreligión de Moebius, mi Mundo Único, y otros más. Ah, y la puta cola eterna de entrada al Infierno, que constituimos, que creemos que ha de ser así, de la que no podemos salir y que nos extingue. Punto. Soy gilipollas. Sois gilipollas. Somos gilipollas.

Resumiéndolo mucho: el fallo SIEMPRE es humano ; por definición. Así que no os mosqueéis.

ministerio del tiempo

«La política de la mentira no sólo busca el desprestigio asociando conceptos negativos a lo calumniado. Obliga a una posición defensiva por parte de quien es atacado, a que gaste energías y recursos en restablecer su buen nombre.» dice Daniel Bernabé.

Y no puede tener más razón. El Sr. Bernabé, porque es un señor y a veces caballero, apunta con certeza a la suave concesión e integración que hemos hecho de ese vivir que es la individualidad masiva, esa colección de personas-únicas que creyéndonos todas distintas no somos más que una masa indiferenciada.

Porque la diferencia subsiste mientras no miremos a los demás, y comprobemos que tienen nuestras mismas estanterías, nuestras mismas barbas, nuestros mismos problemas. Esa diferencia radica en que somos teóricos de nuestra individualidad, individuos de sillón y videojuego, individuos teóricos de la rebeldía (nada más satisfactorio para el Poder que cada uno nos creamos héroes) e individuos prácticos de la pasividad.

Que decimos mucho, y que hacemos poco y nada, vaya.

La identificación es un hacer-se. Es un ejercicio (que no un deporte, que no un juego de suma cero) de contacto. Que sólo sirve si sales y tocas al otro, a los demás. Y primero sin requisitos previos ni demandas de admisión.

Como hace la PAH.

Así que el control que el Poder (eufemismo para hablar de quien toma decisiones que nos afectan, y de *su* moralidad, de su ética, y de lo poco que le importamos) tiene parte de incidencia en el contacto entre nosotros. Es prioritario, como hoy, desarticular los espacios de roce, de coexistencia, de descubrimiento que somos casi uno. Que nos parecemos.

Pero hay un entresuelo, un sótano, unos cimientos de ése encuentro. Los cuerpos, los roces y la identificación no suceden si no hay Tiempo para dedicarle. Hay que poder hacer, que es un proceso. Hay que tener tiempo.

Tal es el origen de los liberados. De los sindicales, por ejemplo. O del artista ─que no es más que un liberado de la rutina común para poder otorgar libertad a su experimentar─. Pero también es el origen del político. Hace falta tiempo, en exclusiva, porque los esfuerzos lo consumen.

Y aquí cae el complemento a las reflexiones del Sr. Bernabé.

El Poder (ése/a tipejo/a que se empeña en decidir por mí) del que no formo parte, del que me impone éste fascismo de baja intensidad, busca agotar nuestro recurso más importante: el tiempo.

Los “de arriba” tienen abogados, asesores, y demás. Nosotros no.

El Poder puede desdoblarse, personarse a través de representantes que liberan al poderoso del tener que estar. Nosotros no.

El Poder puede presentar recursos, dilatar plazos, disculpar tropiezos e introducir retrasos justificando no entender. Nosotros no.

El Poder ejerce la opresión directa como en los desahucios o en las manifestaciones. Pero también más sutil aunque visible: el sueldo de mierda que da lo justo para sentir la miseria, pero suficiente para creer no caer en ella. ¿Qué pagamos a cambio? Sólo poder emplear el tiempo en trabajar. En nada más. En agotarnos. En cometer errores. En sobrevivir, que lo ocupa todo.

El objetivo es controlar nuestro tiempo. Imponernos un horario y calendario. Y hacerlo desde el chantaje sobre lo que nos ata de una forma primaria. Perder el sueldo de mierda es perder a nuestros hijos. Perder el sueldo de mierda es la exclusión. Perder el sueldo de mierda es morir. De hambre, de frío, de enfermedad. Literalmente.

Tener el sueldo de mierda es no poder hacer otra cosa que no perder más. Extenuados.

El que tenga suficiente tiempo a su libre disposición se convierte en un problema, como nos ilustró la Cifuentes con el 15M, al acusar a quien participaba de estar financiado por IU. ¿Sus motivos? Los recursos que se podían adivinar tras tanto abogado en las filas de los fláuticos varios. ¿El verdadero motivo? Los abogados activistas estaban en paro. Y el paro no te da dinero, pero sí te libera tiempo.

El Poder reacciona rápido. Y en éste caso, nos atiza con una respuesta rápida: emigrad.

Si tienes tiempo libre y un futuro de mierda mortal aquí, y la promesa de sobrevivir en otro lado, no hay mucho que hacer. Te vas. La emigración es la concesión que nuestra desesperación le entrega a éstos déspotas. Con un 1% ─aproximado, ojo, pero da lo mismo, es brutal sea palmo arriba, palmo abajo─ de emigración anual, lo que tenemos es un 1% de desobedientes potenciales yendo a parar a otros países. La masa crítica se disuelve, se dispersa. Tú a Boston y yo a California. No nos encontramos en el aquí, y no nos encontramos en el ahora.

Emigrado ejerces tu tiempo libre (que tampoco) en otro lugar, bajo otro gobernante. Ahora no eres problema de aquí. ¿Cómo no va transformar el Poder (sí, ése/a imbécil que manda) la huida en un mágico viaje de autorrealización? La propaganda se pone en marcha, se depura, se viste de emprendeuría y de viaje de formación a sabiendas que no volverás. Al poderoso le interesa nuestro éxodo. Lo que queda es manejable, sin llegar a alcanzar una ebullición que les zozobre.

Y mientras tanto, el ataque gratuito, la difamación, la naturalización de la moral tertuliana, el insulto, la política de pose y el desprecio siguen siendo lanzados contra nosotros para consumirnos.

Porque ellos son dueños de su tiempo. Y del nuestro.

matar 32 personas con 1,4M de €

Esos 1,4M de € gastados en decir lo bien que funciona la Sanidad del PP son 32 tratamientos de Sovaldi. 32 muertos. Omisión de auxilio. Enésimo acto criminal de éste gobierno. Su moral, nuestras muertes.

Tienen una moral completamente equipada. Una moral en el que la muerte de otro es secundaria. Una moral que autojustifica invadirlo todo camuflada bajo representatividad. Su moral no es la nuestra. Su moral es escogida, como la nuestra. Y la suya nos mata.

Nos mata robando ambulancias, medicamentos, casas. Nos mata ordenando dispararnos cuando estamos en el agua. Nos mata indultando torturadores. Nos mata alentando sueldos de mierda. Nos mata dejándonos sin tiempo.

Nos mata porque el dinero es un sistema de regadío sobre el que se toman decisiones de dónde orientarlo. Dejar sin agua una parte es matarnos.